Por: Luis Correa
En medio del ecosistema de la Taiga en Siberia, a 450 millas del poblado más cercano, viven dos familias: los Braguine y los Kiline. No se hablan, no se quieren, dos formas distintas de vivir y ver el mundo comparten un espacio geográfico ahora supuestamente amenazado. Una perspectiva antropológica documental que abre muchas interrogantes e impresiona, pero que entrega pocas respuestas.
A orillas del río Ienissei viven los Braguine, familia en la que se centra el film, autarquicos, de aspectos esteparios casi albinos, sobreviven rodeados de la naturaleza extrayendo de ella lo que necesitan, como el padre de la familia explica; ellos cazan para sobrevivir y no cazan mas de lo que necesitan.
Los Braguine temen de los Kiline, no interactúan con ellos, los adultos se dedican a hablar mal de ellos, sienten que la naturaleza les comunica a través de sueños que algo malo esta por ocurrir, y esta supuesta crisis sera culpa de los "otros".
Los niños de ambas familias no esconden su curiosidad por los "otros", en medio de sus impredecibles juegos y la libertad que pueden ostentar en medio de la naturaleza se observan detenidamente, como con deseo de crear una comunidad que nunca llega a suceder, o que al menos en el film no sucede.
El director y artista francés Clément Cogitore, ha dirigido varios cortometrajes y en 2015 su primer largometraje Ni le ciel ni la terre (Neither Heaven nor Earth) que se desarrolla en Afganistán, Braguino es su primer documental de larga duración, y actualmente esta en estreno su último film Les Indes Galantes, adaptación de la opera-ballet de Jean Phillipe Rameu escrita en 1735.
El miedo y la tensión de gran parte de la película contrastan con las potentes imágenes de la naturaleza, y las escenas donde la familia Braguino caza a patos en el rió o a un oso en medio del bosque, con especial crudeza se muestran las imágenes de los adultos despostando al mamífero y a los niños desplumando a las aves en medio de una practica que tiene mucho mas que ver con el juego que con la conciencia de dar muerte a otro ser vivo. Por su parte los adultos realizan una rogativa por el alma del Oso que acaban de cazar.
La tensión entre formas distintas de ver la vida nos evoca a los capuletos y Montescos, donde la voz de la familia Kiline no se conoce, con excepción de una escena en la cual el hijo mayor de Braguino encara a unos tipos que llegan en helicóptero con armas al lugar. Ellos son violentos, le piden que se vaya y que apaguen la cámara. Mientras alrededor los niños pequeños de ambas familias solo observan la escena.
Los primeros planos sobre los niños de ambas familias parecen representar la esperanza de un futuro de dialogo, pero al mismo tiempo la intriga de formas de vida poco alienadas con la occidentalidad clásica. Sus formas de vida nos recuerdan que mas cerca de lo que creemos existen formas de vida distantes de los modos de producción capitalista y de las imágenes- estereotipos que este sistema genera, los Braguino solo tienen un teléfono satélite y una radio que se alimenta con un sistema de cadena de pilas muy rudimentario creado por la familia.
Desde el punto de vista de un observador latinoamericano, este documental también viene a confirmar una realidad, en Europa no existe un paradigma único de vida "moderna" y vanguardista, imágenes muchas veces reproducidas por el cine norteamericano y apropiadas por las culturas de masas. En Europa la vida urbana y moderna es solo una de muchas maneras de vivir que existen, y al tener conciencia de esto se quiebran las idealizaciones sobre la superioridad cultural de un continente sobre otro.

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